top of page

¿Confiamos en un equipo que vive de atajadas? Más dudas que certezas


Hay empates que suman y hay empates que desnudan. El 0-0 de Millonarios contra Medellín pertenece, sin discusión, a la segunda categoría.


El contexto sirve como excusa para algunos: lluvia, cancha desastrosa, partido cortado, poco juego. Todo cierto. Pero también es verdad que el fútbol no siempre te pone alfombra roja; a veces toca jugar en el barro. Y ahí es donde se ve de qué está hecho un equipo. Millonarios, hoy, parece hecho de retazos.


No hay una idea clara que se sostenga, no hay un mediocampo que imponga condiciones, no hay una estructura que respalde. Lo que hay son chispazos, esfuerzos individuales y un arquero que vive en una montaña rusa que tiene a la hinchada con el corazón en la boca.


Porque sí, hay que decirlo sin rodeos; Diego Novoa fue la figura. Salvó el punto, atajó pelotas de gol, sostuvo a un equipo que por tramos fue superado. Sin él, este partido probablemente se estaba analizando como otra derrota más en una racha que ya es preocupante. Esa es la verdad incómoda.


Pero también hay otra verdad que flota, que nadie dice en voz alta, pero que todos sienten; cuando el protagonista de tu resultado es un arquero que ya ha “regalado” goles insólitos en otros partidos, la tranquilidad nunca es completa.


El hincha no sabe si aplaudir con fe renovada o con miedo disimulado. Porque no se trata de una atajada puntual o de un error aislado en el pasado: se trata de una sensación instalada. La de que el arco azul puede pasar de blindado a frágil en una jugada, en un mal control, en una salida apresurada. Y eso, para un equipo en crisis futbolística, es dinamita emocional.


Millonarios no transmite control, transmite resistencia. Y resistir no es un plan de juego, es un mecanismo de supervivencia.


Entonces la discusión va más allá de un nombre propio. Lo que queda en el aire es la sensación de un equipo que todavía no ofrece garantías, que compite más por impulso que por convicción y que, partido tras partido, deja la impresión de estar siempre al borde de algo: del error, de la expulsión, del gol en contra, del desorden.


Millonarios no solo necesita puntos, necesita certezas. Necesita recuperar una identidad que hoy se diluye entre la irregularidad, las urgencias y las soluciones momentáneas. Porque cuando un club grande empieza a conformarse con resistir, con salvarse por detalles y no por funcionamiento, el problema ya no es de una noche ni de un jugador, es de rumbo. Y ese, por ahora, sigue sin verse claro.


Este empate no fue un respiro, fue un espejo. Y en ese reflejo se ve un club que pelea contra el rival, contra el clima, y contra sus propias dudas.

Comentarios


  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Instagram Social Icon
  • YouTube Social  Icon
bottom of page