Millonarios cambió de semestre, pero no de libreto
- Lorena Buitrago
- 26 jul
- 2 min de lectura

Los calendarios cambian, los torneos también, pero lo que no parece cambiar en Millonarios es la sensación de estar atrapado en el mismo lugar.
La derrota en el debut de la Liga frente a Bucaramanga no debería analizarse únicamente desde el marcador. Perder hace parte del fútbol. Lo preocupante es que el equipo volvió a transmitir exactamente las mismas dudas que arrastró hasta su eliminación en el campeonato anterior. Han pasado cerca de dos meses desde aquel golpe, tiempo suficiente para corregir, ajustar y construir una versión más competitiva. Sin embargo, el estreno dejó la impresión de que ese proceso nunca ocurrió.
Millonarios sigue siendo un equipo que administra la pelota, pero pocas veces sabe qué hacer con ella. Tiene posesión, pero carece de profundidad. Mueve el balón de un lado a otro sin encontrar caminos y, cuando el rival se organiza defensivamente, las ideas desaparecen. El juego termina dependiendo de una individualidad o de un error ajeno, más que de una estructura ofensiva trabajada.
Lo más inquietante no es la derrota, sino la ausencia de evolución. En el fútbol profesional, dos meses representan una pretemporada, sesiones de entrenamiento, análisis, preparación física y táctica. Es un periodo diseñado precisamente para corregir lo que no funcionó. Si después de ese tiempo el equipo vuelve a mostrar las mismas falencias, la pregunta es inevitable: ¿Dónde se refleja el trabajo?
No se trata de exigir un funcionamiento perfecto en la primera fecha. Ningún equipo alcanza su mejor versión en 90 minutos. Pero sí es razonable esperar señales. Una idea distinta, variantes ofensivas, una presión más coordinada, automatismos o, al menos, una intención clara de corregir los errores del pasado. Millonarios no mostró nada de eso.
La derrota frente a Bucaramanga parece más una continuación del semestre anterior que el inicio de uno nuevo. El equipo sigue viéndose plano en ataque, vulnerable cuando pierde el balón y con dificultades para imponer condiciones, incluso jugando en casa. Esa continuidad negativa es la que enciende las alarmas.
Todavía queda un campeonato entero por delante y el margen para reaccionar existe. Pero el crédito no es infinito. La paciencia del hincha se desgasta cuando las explicaciones cambian, pero el rendimiento no.
Porque, al final, el problema no es perder el primer partido de la Liga. El problema es que, dos meses después de una eliminación que exigía autocrítica y transformación, Millonarios sigue pareciendo el mismo equipo. Y en el fútbol, cuando el tiempo pasa y nada cambia, las respuestas empiezan a escasear.




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