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Perder es grave, pero no saber hacia dónde vamos lo es más


Lo de Millonarios en este arranque de Liga no es simplemente un mal inicio. Es una señal de alarma. Tres partidos, tres derrotas, y la sensación de que el equipo se desarma más rápido de lo que intenta construirse.


La caída ante Pasto fue el último empujón a un proceso que ya venía tambaleando. El equipo mostró lo mismo que en las fechas anteriores: fragilidad atrás, confusión en la mitad y un ataque que vive de momentos aislados. No hay una estructura que sostenga al equipo cuando las cosas se ponen cuesta arriba. Y en el fútbol colombiano, donde los partidos suelen cerrarse por detalles, eso se paga.


La salida de Hernán Torres era una decisión que se veía venir; de hecho, era casi una obligación. Cuando un equipo pierde orden, seguridad y confianza al mismo tiempo, el foco siempre apunta al banquillo. Hoy Millonarios no solo está golpeado en la tabla, está a la deriva en su conducción, lo que obliga a solucionar, trabajar y demostrar rápido.


Un club grande puede soportar un mal momento. Lo que le cuesta mucho más es atravesar una crisis sin un liderazgo claro. ¿A qué va a jugar Millonarios en lo que viene? ¿Qué se les va a exigir a los jugadores? ¿Qué tipo de equipo se quiere ver? Hoy no hay respuestas.


Y cuando el rumbo no está claro, el vestuario lo siente. El futbolista percibe la inestabilidad, juega con más dudas que convicciones y eso se refleja en la cancha. Lo que se ve no es solo un equipo superado por los rivales, sino un grupo que no parece tener una idea común a la que aferrarse.


También hay una responsabilidad colectiva que no se puede esconder detrás del cambio de técnico. Los errores individuales, las expulsiones evitables, la falta de concentración en momentos clave y la poca rebeldía futbolística no son únicamente un problema táctico. Hay una deuda en carácter competitivo. Millonarios luce frágil cuando el partido exige personalidad.


El próximo partido en El Campín será una prueba emocional, pero no puede ser el único salvavidas. Millonarios necesita más que un resultado; necesita una señal de rumbo. Porque en este punto, lo más preocupante no es haber perdido tres veces. Es no saber, con claridad, qué equipo quiere ser cuando vuelva a ganar.

 
 
 

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