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¿Qué pasó con el Millonarios que nos ilusionaba?

La gran incógnita que nos invade hoy es el paradero de aquel Millonarios que nos llenaba de ilusión. Dónde quedó el equipo que fue a Manizales y nunca regreso. Me cuesta dar crédito a las teorías conspirativas sobre camerinos rotos o internas en el grupo; sin embargo, resulta difícil digerir que la idea de juego se haya esfumado de un partido para otro. Ese fútbol que deslumbró, con goles y buenas sensaciones, parece haberse quedado atrapado en el Palogrande. ¿Acaso los rivales descifraron por completo el libreto? ¿Se volvió nuestra propuesta demasiado predecible? Son preguntas que hoy nos atormentan.


El equipo se percibe sin rumbo, sin ideas y, lo más preocupante, con una alarmante falta de actitud. La derrota en el Pascual Guerrero fue una afrenta a las aspiraciones del club, vimos a un Millos entregado y rendido ante el rival tras encajar el primer gol. Históricamente, desde el regreso del América a la primera división, los enfrentamientos, aunque álgidos no despertaban la ansiedad de un clásico tradicional, pues Millonarios ha mantenido una hegemonía clara en el historial reciente. No obstante, lo del domingo fue una vergüenza. Nunca se vio un Millonarios tan flojo ante el conjunto escarlata, un rival que incluso improvisó en su esquema y nómina titular.


Hay casos puntuales que generan angustia. Lo de Guillermo de Amores parece sentenciar que cada llegada del rival terminará en gol. Si el destino es "morir", prefiero que sea con los nuestros: prefiero entregarle esa papa caliente a un canterano que se ha formado en las inferiores, que siente la camiseta y que busca una oportunidad para consolidar su carrera, antes que a un portero que deja tanto que desear custodiando los tres palos. Resulta incomprensible pasar de una seguridad gigante en el arco, a dos guardametas que parecen vulnerables ante cada aproximación.


¿No se trabaja esto durante la semana? Sin temor a equivocarme, más del **70%** de los goles recibidos este semestre han sido de cabeza. La línea de tres, que debería ser un cerrojo aéreo, se ha convertido en nuestra mayor debilidad. En este sistema, la solidez por el aire es innegociable porque el rival siempre buscará la espalda de los centrales. Millonarios, por el contrario, parece mostrarle el camino al contrincante para que nos ataque con una pasividad increíble.


El hincha está molesto, y no solo con De Amores. El nivel general es tristísimo. En el fútbol, como en la vida, se puede jugar bien o mal, pero la actitud no se negocia. No es permisible verse entregado y replegado a la voluntad del rival.


Millonarios quema hoy uno de sus últimos dos cartuchos en la liga. Cualquier resultado que no sea la victoria nos dejará fuera de la clasificación. Ya no dependemos de nosotros mismos; hay que ganar y esperar resultados ajenos. Pero lo primero es hacer la tarea propia, porque de nada sirve que los demás resultados favorezcan si el equipo no juega para sí mismo.


Nuestra misión como hinchada es ejercer presión. Desde el minuto uno, el estadio debe ser una caldera y un ambiente hostil para el jugador que no esté dispuesto a correr y sudar la camiseta. Esa presión funcionó contra Boston River y debe funcionar hoy, para convertir El Campín en una fortaleza, tanto en el torneo nacional como en la Sudamericana. Un mal resultado de local significaría, sencillamente, ponerse la soga al cuello.


Vamos partido a partido. Olvidemos el futuro y concentrémonos en el hoy. Hoy solo sirve ganar.


*Pongan huevos, aguante y corazón.*


Miguel Angel Niño para Azul Total (en x @Miguel_1612N)

 
 
 

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