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1x1| ¿Cuántas vergüenzas más vamos a tolerar por parte de los jugadores?

hace 6 horas
5 min de lectura

El sábado 3 de octubre de 2026 no será una fecha más en el calendario, sino una mancha imborrable en la historia reciente de Millonarios. En el ardiente e inclemente pasto del Estadio Romelio Martínez de Barranquilla, el Embajador consumo un ridículo absoluto al quedar eliminado en los octavos de final de la Copa BetPlay a manos del Barranquilla FC, el colero de la B.


Un empate 1-1 en los noventa minutos —con gol de penal de Mohamed Bolívar para el local y la igualdad de David Mackalister Silva— expuso la pasividad pasmosa, el pecho frío y la absoluta falta de ideas de un plantel que pareció desconcertado ante la ausencia de VAR y la intensidad de unos juveniles que corrieron con la dignidad que a nosotros nos faltó.


La lotería de los penales, con un desgarrador 5-4 en contra, solo dictó la sentencia definitiva a una noche nefasta. ¿Cuántas humillaciones más nos van a hacer tragar? ¿Hasta cuándo la dirigencia y estos futbolistas van a seguir devaluando este escudo?


EL 1X1 DE LA VERGÜENZA EN BARRANQUILLA


Javier Burrai (4.5): Volvió a sostener al equipo en los noventa minutos con dos atajadas providenciales que evitaron un desastre en el tiempo regular. Sin embargo, a un golero de su categoría, trayectoria e inversión se le exige muchísimo más a la hora de la verdad. En la tanda de penales quedó debiendo de manera alarmante; adivinó pocos cobros y no transmite esa solvencia ni esa chapa de salvador que necesita un equipo grande en momentos de matar o morir.


Sebastián Valencia (5.0): De lo poco rescatable en una noche donde el barco se hundía sin remedio. Tuvo criterio para proyectarse cuando el partido pedía volumen por las bandas y mostró coraje en el mano a mano defensivo. Lamentablemente, su empuje individual terminó diluyéndose en el caos táctico colectivo y en la falta de apoyos para generar peligro real sobre la raya final.


Andrés Llinás (2.0): Desconcertante, apático y con una lentitud que asusta. Ver a un referente de la casa verse superado en velocidad, anticipación y fuerza por los juveniles del Barranquilla FC da rabia e impotencia. Perdió la marca de forma sistemática, lució desorientado en los cierres y expuso una alarmante falta de liderazgo para ordenar una zaga que fue un colador impresentable todo el encuentro.


Sergio Mosquera (2.5): Un partido para el olvido y que resume a la perfección su irregularidad. Vivió desatento en las coberturas, erró pases de salida insólitos que regalaron transiciones peligrosas al rival y coronó su nefasto rendimiento errando su cobro en la tanda de penales. Una actuación que roza la falta de respeto con la hinchada.


Sebastián del Castillo (3.5): Un rendimiento apenas moderado que no alcanza para aprobar en un partido de esta exigencia. Aunque intentó mantener la compostura táctica en su zona, se vio superado constantemente por la dinámica física del rival y aportó muy poco en el circuito ofensivo, limitándose a pases horizontales sin profundidad.


Rodrigo Ureña (5.5): Puso la pierna fuerte, mordió en la mitad de la cancha y trató de imprimir la jerarquía que exige esta camiseta. Dentro de la mediocridad general tuvo pasajes de rebeldía intentando empujar al equipo hacia adelante, pero terminó cayendo en la desesperación generalizada y terminó impreciso cuando el partido pedía cabeza fría.


Leonai Souza (3.0): Se lo tragó la dinámica del mediocampo rival. Estuvo impreciso con la pelota en los pies, flojo en la marca y nunca pudo adueñarse de la segunda jugada. Su partido fue anodino, trotando la cancha y ofreciéndose muy poco como rueda de auxilio para los generadores de juego.


David Mackalister Silva (6.5): El único que entendió el dolor del hincha y la urgencia del escudo. Tuvo el coraje de pedir la pelota en las brasas, marcó el gol del empate que nos dio aire temporal y correteó hasta donde el físico le dio. Triste que el capitán, con el desgaste de los años encima, sea el único que dé la cara mientras los demás miran para otro lado.


Daniel Ruiz (5.0): Mostró chispazos de su calidad técnica en la primera mitad y trató de juntarse con 'Macka' para buscar rendijas en el bloque bajo del rival. Tuvo la intención, pero careció de contundencia e intensidad física para desequilibrar en el último tercio; ganas sin efectividad no bastan en noches como esta.


Julián Angulo (3.0): Pasó completamente desapercibido por las bandas. Nunca encaró con determinación, perdió prácticamente todos los duelos individuales contra los laterales rivales y sus centros terminaron en las manos del arquero o fuera de la cancha. Una tibieza desoladora para quien debe marcar diferencia en el mano a mano.


Andrey Estupiñán (3.0): Desconectado, errático en el pivotaje y sumamente liviano en el área rival. Tuvo una oportunidad de oro para afianzarse como el '9' titular pero lució confundido con y sin pelota, facilísimo de referenciar para los centrales del Barranquilla FC que no sufrieron mucho con su presencia.


Cambios


Leonardo Castro (5.0): Fue el único de los ingresados que entendió el contexto del partido. Entró a pelear, a rasparse contra los centrales, a meter el cuerpo y generar zozobra con pura guapeza arriba. Lamentablemente, estuvo muy solo en el ataque y estrelló un balón en el larguero en los últimos minutos.


Stiven Vega (3.0): Su ingreso buscaba darle orden y equilibrio en el lateral derecho absolutamente fracturado, pero aportó muy poco ritmo. Llegó tarde a un par de cierres clave y se limitó a entregas cortas hacia atrás sin arriesgar mucho.


Francisco Chaverra (3.0): Entró con la misión de darle profundidad y explosión a la banda izquierda, pero terminó siendo una pieza inoperante. Decidió mal en casi todas las acciones de ataque, chocó contra el bloque defensivo rival y jamás fue una solución real de desborde.


Stiven Barreiro (2.5): Un relevo gris que pasó sin pena ni gloria. Se acomodó en el fondo para intentar cerrar los caminos al Barranquilla, pero lució temeroso a la hora de romper líneas desde el fondo para empujar al equipo en el tramo final.


Carlos Darwin Quintero (1.0): Lo de Carlos Darwin roza lo imperdonable. Entró sin ganas, errático, trotando la cancha con un cansancio incomprensible para alguien que acaba de ingresar y sin mostrar una sola pizca de la jerarquía por la que llegó. Para rematar su impresentable nivel desde que viste esta camiseta, pateó el sexto penal sin alma ante Sebastián Guerra, sepultando definitivamente cualquier aspiración. Un refuerzo que hasta ahora ha sido una absoluta decepción.


No hay excusas que valgan. Quedar eliminados ante un rival de la segunda división, sin restarle mérito a su entrega, es una de las páginas más oscuras en la historia moderna de Millonarios. Los directivos tienen que dejar la complacencia, el cuerpo técnico asumir la falta de variantes tácticas y varios futbolistas ponerse a pensar si de verdad tienen el carácter y la casta para vestir esta camiseta. A Millonarios se le respeta, y la hinchada exige decisiones drásticas ya. La paciencia se agotó.

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