Lo que Vikonis me enseñó



Cuando Nicolás Vikonis Mureau fue presentado a principios del 2015 como nuevo arquero de Millonarios, parecía una apuesta interesante: venía de hacer una campaña decente con Patriotas y Lucho Delgado, héroe de la estrella 14, estaba cumpliendo su ciclo en el club. Sin embargo, mi percepción del uruguayo fue cambiando, hasta tal punto de afirmar que no era un gran arquero, que Millonarios le quedaba grande, que se hacía un gol importante por partido y que con alguien en el arco que no atajara ni un solo penal, Millos no sería campeón. Pero Vikonis me enseñó lo equivocado que estaba y lo injusto que fui.

Me enseñó que cuando “las papas queman” hay que poner la cara. Porque cuando a principios del año pasado algún orate lo insultó desde la tribuna y él respondió con un escupitajo, tuvo la gallardía de pedir perdón, de dar la cara, de responder.

Me enseñó que la constancia no es una virtud, sino una obligación. Cuando el uruguayo fue relegado al banco de suplentes fue un señor profesional, siempre habló maravillas de Ramiro Sánchez, trabajó durísimo y volvió a recuperar su puesto en el once inicial y nunca más lo soltó.

Me enseñó que trabajar en silencio paga. Nicolás se dio cuenta que los penales no eran su fuerte, que en las pelotas quietas se quedaba, que le hacían goles evitables. Y trabajó, entrenó, practicó y los resultados se notaron en la cancha. En el 2017-2, tapó el 76,3% de los tiros que le hicieron, sacó 11 veces su arco en cero y atajó dos penales clave (uno salvó tres puntos contra Jaguares al último minuto y el otro permitió esa gran victoria el 7 de diciembre en el Pascual Guerrero)

Me enseñó que lo que diga la gente en realidad no es tan importante. “Arquero de equipo chico”, “metrosexual fracasado”, etc.… fueron algunos de los insultos que se tuvo que comer Vikonis durante su estancia en Millos. Él los recibió, se los tragó, trabajó y salió campeón.

Me enseñó lo que es ser grande en la victoria. Cuando Millos ganó la estrella 15, Vikonis no le cobró nada a nadie. Al contrario, agradeció, reconoció al rival, habló de limpiar el contaminado pasado del club y se fue a celebrar. Reitero, un señor profesional.

Finalmente, y como periodista, Vikonis me enseñó a no ser tan ligero en mis análisis, a entender que los jugadores son personas y tienen situaciones familiares, malos días y que, como la mayoría de nosotros, se esfuerzan por hacer bien su trabajo. Que la crítica siempre debe ser desde lo deportivo y nunca desde lo personal.

A los que tienen a Vikonis como ídolo no les reprocho nada, en tiempos donde nunca más volveremos a tener un Iguarán, un Willington y ni de casualidad a un Di Stéfano, a un Pedernera y mucho menos a un Cozzi o a un Amadeo Carrizo, el buen Nicolás merece un puesto ahí, con los grandes, mientras le cantan “uruguayo uruguayo, uruguayo sos un dios, desde que a Millos llegaste no le tememos al gol”.

Pd: Gracias Nicolás por enseñarme, a mí y a muchos, a ser un excelente profesional y una gran persona. Ojalá te llenes de gloria y dinero en tu próximo equipo.

#CortitaYAlPie: Después de reflexionar mucho, para mí la estrella más importante en la historia de Millonarios sigue siendo la 14. ¿Y para ustedes?

#NicolásVikonis

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