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Basta de aplausos: los jugadores también son los verdaderos responsables de este fracaso

hace 22 horas
2 min de lectura

El amargo empate ante Fortaleza en Techo fue la gota que derramó un vaso ya atiborrado de mediocridad y frustración, sumándose a la vergonzosa eliminación de Copa BetPlay frente a Barranquilla FC. La hinchada, golpeada y exhausta, sigue buscando explicaciones en la línea de banda, pero la realidad nos explota en la cara: el problema de fondo ya no radica en la pizarra ni en las libretas tácticas.


En lo que va de este 2026 han desfilado tres directores técnicos por el banquillo albiazul —Hernán Torres, Fabián Bustos y ahora el retorno de Alberto Gamero— y con ninguno el equipo juega a algo. Pueden traer mañana mismo a Pep Guardiola o a Carlo Ancelotti a dirigir en El Campín, que la sentencia será la misma; la actitud, la desidia y el paupérrimo rendimiento de quienes pisan la cancha tienen a este plantel condenado a fracasar.


Es hora de señalar sin anestesia a las "vacas sagradas" y a los supuestos referentes que viven del recuerdo. Jugadores a los que la tribuna les guarda cariño por glorias pasadas, pero que llevan semestres arrastrando la camiseta y cargando una mochila repleta de decepciones, mientras que algunos "experimentados" ni aportan veteranía ni justifican su presencia en el club. A esto se le suma la deuda absoluta de los refuerzos que llegaron como soluciones y hoy no son más que fantasmas en la cancha. Y qué decir de las eternas promesas sin fecha de vencimiento a quien se le renuevan las oportunidades una y otra vez, dejando al hincha esperando un potencial que nunca termina de explotar.


En medio de este incendio generalizado, las excepciones son escasísimas: la entrega de Rodrigo Ureña, la solvencia de Stiven Barreiro y la falta que hace un tipo como Rodrigo Contreras, hoy ausente por lesión. Este texto no es para pedirle al hincha que deje de ir al estadio, porque asistir al Campín es el motor de vida de miles de familias albiazules y eso ya es parte de su canasta familiar, si así podemos decirle. El llamado urgente es de actitud y dignidad: debemos dejar de ser el público complaciente que pide fotos en los hoteles, se emociona con verlos salir al calentamiento y aplaude la mediocridad. Los futbolistas en Millonarios lo tienen todo; se les cumple rigurosamente con los sueldos, ganan cifras astronómicas y viven en las mejores zonas de Bogotá, por lo que resulta inaceptable ver el conformismo con el que afrontan cada torneo.


¿Están bravos o indignados cuando la prensa les hace preguntas incómodas? No la cojan contra los periodistas por hacer su trabajo; muestren esa rabia en la cancha, traben con la cabeza y suden una camiseta que hoy es claro que les pesa.


Ya nos cansamos de ver cómo los rivales históricos se nos alejan o nos alcanzan en el palmarés mientras la institución se estanca en la complacencia. De aquí en adelante, la única consigna aceptable para salvar el año es salir campeones de la Liga BetPlay 2026-II. Ya no valen las excusas, las promesas de camerino ni los mensajes de disculpas en redes sociales: es hora de exigir el respeto que exige la historia de Millonarios.

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