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Cuando el discurso no alcanza


Millonarios quedó eliminado y ni siquiera necesitó depender de otros para explicarlo. El 2-2 frente a Alianza fue suficiente para resumir un semestre de un equipo que se equivocó en lo básico y que siempre reaccionó tarde.


En Valledupar, jugó con la urgencia equivocada. Cuando debía imponer condiciones, fue pasivo. Cuando el rival lo golpeó, dudó. Y cuando finalmente reaccionó, lo hizo desde el desorden y la desesperación. El empate llegó, pero nunca dio la sensación de que alcanzara.


En medio del rotundo fracaso, Fabián Bustos salió a decir que “no es un fracaso”, apoyado en números, porcentajes y en el contexto de cómo recibió el equipo. Puede haber algo de razón en ese diagnóstico; pero en un club como Millonarios quedarse por fuera de los ocho no admite muchos matices. No es un detalle: es el objetivo mínimo del semestre.


Se está corriendo el riesgo de normalizar lo que no puede volverse costumbre. Millonarios completa dos torneos seguidos sin clasificar a los 8. No es un accidente, es una señal clara de que algo no está funcionando en el club.


Más allá de las palabras, lo que queda es un equipo que nunca transmitió seguridad en la cancha. Un grupo que, incluso cuando tenía todo a favor en la última fecha, no logró sostener el momento.


Ahora viene lo más incómodo: reconstruir. Desde la dirigencia hasta el cuerpo técnico y deportivo, todos tienen responsabilidad y deben tomar decisiones para corregir de verdad. Entender que este club no está para “apagar incendios”, está para competir cada semestre.


Queda la Sudamericana, donde Millonarios tampoco ha mostrado mucho más que unos parcos tres puntos frente a Boston River y un empate contra Sao Paulo. El cambio tiene que empezar ya. Porque si nada se transforma, ningún discurso va a alcanzar.

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