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¿Dónde está el nuevo Millonarios?



Millonarios sigue jugando a lo mismo. El 2-0 en contra ante Universitario en Lima es lo de menos, apenas un resultado de pretemporada. Lo que preocupa es lo de siempre: la misma línea de cinco, la misma lentitud en el mercado y la misma sensación de que nada cambia.


Bustos volvió al Monumental, al estadio donde fue campeón, al lugar donde construyó su nombre como entrenador. Era un escenario ideal, sin hostilidad, para mostrar algo diferente y presentar una cara fresca o una versión mejorada del equipo que se quedó por fuera de los ocho dos torneos seguidos.


Lo que mostró, en cambio, fue la misma línea de cinco (o de tres, como insiste en llamarla) que ya conocemos de sobra y que ya nos costó un semestre entero. Jugadores en muy bajo nivel como Llinás, Arias y Mosquera; pases errados por los volantes de primera y segunda línea y una delantera con Leo y Contreras que no da pie con bola.


¿Cuánto tiempo necesita Fabián Bustos para entender que ese esquema no funciona?


Mientras Bustos repite el libreto en la cancha, la dirigencia hace lo suyo por fuera de ella. Llegaron apenas tres refuerzos a este amistoso: Burrai, Aguirre y Chaverra. No es que un plantel se arme de la noche a la mañana, pero a estas alturas de julio el equipo debería tener una nómina definida, con posiciones resueltas, con jugadores integrados desde el primer amistoso. Millonarios llegó a Lima con las mismas dudas de mayo. Esa lentitud también juega, y también pierde.


Ninguno de los tres refuerzos descrestó. Aguirre, como suplente bajo los tres palos, tuvo una actuación floja y regaló un gol. Chaverra no sobresalió. Burrai fue el único titular entre los tres y tampoco alcanzó a torcer la imagen general de un equipo que sigue regalando espacios por los mismos costados de siempre.


Sí, es pretemporada. Sí, es apenas un amistoso. Pero la excusa del semestre pasado era que Bustos no había armado el equipo, que llegó a mitad de camino con lo que había. Esa excusa, esta vez, tampoco le sirve a la dirigencia. Tuvieron meses para planear el mercado, para identificar lo que faltó el semestre anterior, para no llegar de nuevo tarde a lo urgente. Y llegaron tarde otra vez.


Si bien Ariel Michaloutsos hizo una limpieza de nombres que el equipo ya no necesitaba, sigue quedando la sensación de que en Millonarios se reacciona tarde, de que nadie asume la responsabilidad y que parece un loop infinito del que nunca vamos a salir.


Así seguimos: viendo ganar a los demás, viendo a otros equipos adelantarse en la pretemporada mientras nosotros repetimos el mismo libreto. Si esto pasa cuando no hay nada en juego, ¿qué nos espera cuando sí lo haya?

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