El día después de Bustos
- Nicolas Cruz
- hace 2 horas
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Millonarios sacó a Fabián Bustos y, seamos honestos, era una decisión que había que tomar. El problema no es el qué, es el cuándo y el cómo.
Bustos debió salir en mayo, cuando quedó por fuera de la Sudamericana y de los ocho en la Liga local. Ese era el momento de asumir que el proyecto no daba para más. En cambio, la dirigencia decidió sostenerlo, darle un semestre completo para armar el equipo a su gusto, dejarlo traer a los jugadores que él conocía y que Ariel Michaloutsos le cumplió. Se suponía, que era el semestre para probar su verdadera capacidad.
¿Y entonces? Lo sacan a mitad de camino, perdiendo apenas un partido en todo el semestre, quinto en la tabla y peleando arriba. No hay forma de leer ese timing sin sospechar que hubo algo más que el simple descontento con el estilo de juego.
Porque sí, el equipo no convencía. Todos lo hemos visto más de una vez: Millonarios era predecible, con poca fluidez, sostenido más en resultados que en fútbol. Eso es innegable y es motivo suficiente, con el tiempo, para pensar en un cambio. Pero echar al técnico un día antes del clásico capitalino no es una decisión futbolística, es un capricho. Y los caprichos, en un club de esta magnitud, se pagan caro.
La salida de Bustos fue un golpe bajo también para el plantel. Los jugadores, después de perder el clásico 3-2 ante Santa Fe, no sabían ni qué declarar. Decían que era decisión de los directivos, que así se manejan las cosas, que estaban sorprendidos pero que se deben a Millonarios. Omar “El Cabezón” Rodríguez, el interino que ni siquiera había dirigido un entrenamiento con el plantel, reconoció que el grupo llegó "tocado" a un partido que necesitaba unidad y claridad, no improvisación de última hora.
El resultado en la cancha fue el esperado: Millonarios arrancó bien, se fue arriba, pero terminó regalando el clásico en 25 minutos de desconcentración. No hubo mejoría táctica, no hubo un salto de calidad, apenas hubo un equipo golpeado tratando de sostenerse emocionalmente en medio del ruido institucional. El "capricho" que mencionaba anteriormente, se notó exactamente donde más dolía: en el clásico 326.
Ahora bien, ¿qué pretende la dirigencia con este movimiento? La idea, entiendo, es evolucionar, traer a alguien de jerarquía que le dé a Millonarios el salto que Bustos no pudo dar. Pero el nombre que más suena para reemplazarlo es Gamero, un viejo conocido de esta casa. Y ahí es donde el discurso se cae solo: no se saca a un técnico de forma abrupta, a un día del clásico, para después volver a lo mismo de siempre.
Este movimiento, tal como se ejecutó, no fortalece al club. Lo desestabilizó. Generó inconformidad puertas adentro y dejó al plantel a la deriva justo antes de un partido clave, sin garantizar nada mejor de lo que había.
Sacar a Bustos podía ser lo correcto. Sacarlo así, en el momento equivocado y sin un plan claro detrás, es apenas otra muestra de que en Millonarios seguimos dependiendo de las decisiones improvisadas y erradas que se toman desde arriba.




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