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La costumbre de fracasar

Cada presentación de Millonarios deja más preguntas que respuestas. Cada partido disputado abre un montón de hipótesis sobre lo que pudo o no pasar en el camerino del equipo. Pero lo que más retumba en la cabeza del hincha que asiste a los partidos disputados es lo poco o nada que representa la actitud de nuestros jugadores.


La pereza y displicencia son tan notorias que, en lugar de emocionarnos, terminan por convencernos de por qué este equipo no mereció clasificar. Ahora me pregunto: ¿Cuál es el paso a seguir? Por ahora es posible observar cómo, en vísperas de los 80 años del club, sus dos rivales a vencer están disputando semifinales, igual que hace 10 años de cara a los 70 años.


Hace 10 años, Millonarios, en la celebración de sus 70 años, venía de observar cómo su rival de patio ganaba la Copa Sudamericana y solo un mes después de nuestro aniversario, evidenciar cómo el rival al que el hincha a menudo desea vencer salió campeón de Copa Libertadores.


¿Saben qué tienen en común estos dos equipos?: una sede deportiva, digna de su historia, de su club, de sus hinchas. Y nosotros en 10 años, ¿qué cambios hemos tenido estructuralmente? Seguimos entrenando en el mismo lugar, con las mismas adecuaciones y, por ahora, con la misma visión que ha destacado esta administración: una mística perdedora.


Tenemos más eliminaciones recientes que finales disputadas. No tenemos una infraestructura adecuada a la inmensidad de lo que es Millonarios. El club hoy es visto como lo que es, un gigante, pero mal manejado. Esto no solo es dicho por los hinchas; esto lo pregona y agradece todos nuestros rivales que de verdad conocen y saben lo que podríamos ser.


No existe a hoy un rumbo ganador que el club deba o pueda seguir. No existe esa cultura ganadora, aquella que te lleva a la cima del fútbol y de la gloria deportiva. No se aprecia ni siquiera una intención real de volver al equipo y al hincha, en uno solo, porque esta no solo te gana partidos, ¡TE DA TÍTULOS!


Con el pasar del tiempo, entre los hinchas únicamente existen señalamientos, mientras que de nuestra estructura principal solo se oye un silencio ensordecedor lleno de frustraciones y desespero en el sentimiento del hincha.


Si de verdad existiera un deseo real de cambio, el que orquestó este fracaso hubiese sido despedido como ocurrió con otros, pero en cambio, lo vimos sentado en el banquillo en Montevideo. Lo malo no es solo ver a los rivales ser campeones; lo realmente desafortunado es notar cómo Millonarios ya se acostumbró a ello.


 
 
 

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