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Millonarios padece una enfermedad peor que el insomnio, el olvido

hace 4 minutos
4 min de lectura

¿Qué hicieron con el Millonarios de mi papá y de mis abuelos?

Quizá esta es la pregunta que la generación más reciente de hinchas nos hacemos. Nos enseñaron que somos un equipo grande, un club con historia; ese que fue considerado el mejor equipo del mundo, que le ganó al Real Madrid y que se paseaba por las canchas de Colombia y del mundo mostrando un fútbol de verdadera élite. La pregunta es: ¿qué pasó con ese club? ¿Dónde está la jerarquía que debería aparecer en partidos tan vergonzosos como el del pasado sábado?


Hoy no escribo solo desde el dolor, sino desde la impotencia de ver un futuro tan incierto como el pasado que ya vivimos. He escuchado a muchas personas decir que Millonarios es un “equipo olvidado por Dios”, pero cuando los resultados vergonzosos son los mismos semestre tras semestre, no es una casualidad: es una consecuencia.


Es la consecuencia del mal manejo que el club viene sufriendo desde hace muchísimos años, como en la dura época del “arroz con huevo”, en la que el equipo luchaba incluso por no descender. Creo que la herencia más maldita de esos años no fueron los resultados deportivos, sino haber dejado en el olvido la grandeza de una institución a la que se le olvidó la posición histórica que siempre debe ocupar.


Por si fuera poco, esa época dejó una división notable en la hinchada que bien dice el refrán “divide y vencerás”, y hoy es una triste realidad en nuestro entorno. Tal vez no nos hemos dado cuenta, pero esta división solo beneficia a una directiva a la que hoy pareciera no importarle si al equipo le va bien o mal, mientras sus bolsillos se sigan llenando de dinero.


Millonarios siempre tiene que estar disputando semifinales en Colombia. Perder contra el último equipo de la B no solo es un papelón en mayúsculas, sino una falta de respeto con la historia.


Una historia que no escribieron los que están hoy. Millonarios no es grande por los dirigentes actuales; lo hicieron grande las décadas transcurridas desde que nació el fútbol profesional colombiano y lo ha mantenido como un gigante la persistencia del amor de su gente, quizá lo único que se salva dentro de todo este caos.


Sin embargo, también hay que hacerle un llamado a la hinchada. A una afición tan fiel, que salvó al club de la quiebra y estuvo en sus épocas más difíciles, no se le puede permitir ser conformista semestre a semestre con cada resultado impresentable.


Nosotros también tenemos que asumir la responsabilidad, porque si no salvamos a Millonarios, no lo va a salvar nadie y esto se volverá una costumbre. No quiero decir que la hinchada sea la culpable de lo que pasa, sino que es momento de buscar un horizonte juntos. Nos une un común denominador mucho más grande que nunca debemos olvidar: el escudo, el club del cual nos enamoramos y nos enseñaron a querer.


Es momento de unirse y marcar un punto de partida para que esto fluya, las cosas tienen que cambiar. No hablo de violencia ni de desorden, sino de unión. Somos la hinchada más grande de Colombia, y si esta fuera fuerte y unida, estoy seguro de que el club recuperaría su senda victoriosa y el lugar que nunca debió perder. Hoy en día cualquiera cree que le puede hacer daño a Millonarios; ya no hay respeto ni temor por venir a jugar al El Campín, ese respeto que se imponía en el pasado y que debe retomarse. En cada plaza y en cada estadio donde juegue Millonarios, deben sentir que llega un equipo con jerarquía e historia, capaz de pasarle la camiseta por encima a cualquiera y sacar adelante los partidos complicados.


Perdón si soy redundante, pero escribo con impotencia. Me duele mi club. Si de algo estoy seguro, es de que nunca es tarde para empezar de nuevo, recuperar la historia y detener el daño que le han hecho a la institución. Hay que hacer un punto aparte y recomenzar.


Hoy no vengo a hablar de táctica ni de lo que fue el juego; los escritos de mis compañeros han sido bastante contundentes sobre el nefasto desempeño deportivo del domingo. Pero sí quiero dejar claro que esto no es solo un problema del técnico: por aquí han pasado entrenadores tras tropiezos recurrentes, comenzó con Gamero, siguió con David González, continuó con Hernán Torres, Fabián Bustos y ahora nuevamente Alberto Gamero. El común denominador ha sido una base de jugadores que lleva años conformándose con el título de 2023 contra Nacional.


Muchos de los que dicen tener amor por el escudo deberían dar un paso al costado. Es una vergüenza que cada papelón sea peor que el anterior y que las excusas siempre sean las mismas: "pedimos disculpas, estamos avergonzados". Eso no le sirve al hincha. El hincha quiere resultados y un cambio real. La situación no mejora y los jugadores también son responsables. A veces no se les exige porque siempre pedimos la cabeza más visible, la del técnico, pero debemos recordar que los que salen a la cancha son los futbolistas.

Nunca es tarde para empezar de cero.


Miguel Ángel Niño para Azul Total (en x @miguel_1612N)

 
 
 

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