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Noche Embajadora: El estreno que nos dejó el mismo sinsabor de siempre


La fiesta en El Campín estaba servida. Los fuegos artificiales pintaron el cielo bogotano de azul y blanco, y el estreno de la indumentaria conmemorativa de una elegancia impecable, invitaba a soñar con un renacer necesario. La grada, ansiosa, se ilusionó al ver sobre el césped a las caras nuevas, con la fe ciega de que esta pretemporada sí marcaría un punto de inflexión.


Sin embargo, cuando el humo de la pirotecnia se disipó y el reloj marcó el final del compromiso ante Colo Colo, la realidad nos golpeó con la misma frialdad del semestre pasado: una derrota 1-0 que duele, no por el resultado en sí, sino por la alarmante sensación de que en Millonarios todo sigue igual.


A pesar del trago amargo, hubo destellos que vale la pena rescatar en medio de la oscuridad. Javier Burrai se erigió como una muralla, interviniendo en dos ocasiones claras donde el gol parecía cantado; Jhoimer Guerrero demostró personalidad cumpliendo con creces por la banda derecha; Rodrigo Ureña ratificó que es el eje, aportando esa fuerza y orden tan necesarios en la medular, y Daniel Ruiz, quien parece haber asumido con madurez la responsabilidad de ser el conductor de este equipo.


Precisamente fue Ruiz quien, al minuto 19, levantó al hincha de sus asientos. El "10", en su regreso, tomó la manija del plantel, enganchó hacia adentro con ese sello característico y sacó un remate potente que obligó al portero Maureira a estirarse para ahogar el grito de gol.


Fue el aviso de que, por momentos, el fútbol fluye. Colo Colo no se quedó atrás y respondió con intensidad, exigiendo a una defensa donde Llinás tuvo que emplearse a fondo para cerrar espacios. Jhoimer Guerrero vivió un duelo particular con Hernández, el hombre más peligroso de la visita, quien puso a prueba los reflejos de Burrai justo antes del descanso con un mano a mano que el argentino resolvió con un achique impecable.


Para la parte complementaria, la ilusión se diluyó tras el paso por vestuarios. Cuando Millonarios mejor se plantaba en los primeros minutos del segundo tiempo en el campo, controlando los tiempos y buscando el arco rival, el libreto de la frustración volvió a repetirse: fragilidad defensiva. Colo Colo detectó las grietas, explotó la espalda de Valencia y, con una definición quirúrgica de Claudio Aquino, sentenció el 1-0.


Fabián Bustos intentó agitar el árbol enviando a la cancha a Mackalister Silva. El capitán tuvo en sus pies el empate al minuto 77, pero una vez más, la figura del portero chileno se interpuso en nuestro destino. Los azules adelantaron líneas con desesperación, pero el ataque fue un querer y no poder; el equipo se estrelló una y otra vez contra un bloque defensivo que no pasó mayores apuros.


El pitazo final no solo cerró un amistoso; encendió las alarmas. Con esta, ya son dos caídas en pretemporada y, lo más preocupante, es la ausencia de una idea de juego distinta a la que nos dejó naufragando el semestre pasado (2026-I). Los silbidos que bajaron desde las tribunas de El Campín son el eco del sentimiento de un hincha que está cansado de las promesas.


El margen de error se ha agotado antes de empezar: el próximo sábado a las 6:30 p.m., ante Atlético Bucaramanga en el debut de la Liga, ya no habrá excusas ni tiempo para más pruebas. Millonarios necesita respuestas, porque la paciencia, como la noche en Bogotá, empieza a enfriarse.

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