Sabor agridulce en el Atanasio: Millonarios dio la batalla, pero la victoria se escapa nuevamente

El Estadio Atanasio Girardot fue testigo de un auténtico choque de trenes que terminó dejando un amargo 2-2 en el marcador final. Un punto en una de las plazas más complejas y hostiles del país nunca debería despreciarse a la ligera; sin embargo, la sensación con la que el 'Embajador' se marcha de tierras antioqueñas es de pura frustración tras haber tenido la victoria en el bolsillo.
En una noche marcada en los libros de historia por la primera titularidad de Juan Guillermo Cuadrado vistiendo la camiseta albiazul, los dirigidos por el cuadro capitalino mostraron ráfagas de jerarquía con las anotaciones de Stiven Barreiro (con desvío en el defensor Escorcia) y una genialidad individual de Leonardo Castro, mientras que el Independiente Medellín respondió a través de Palacios y el juvenil Nivaldo Erazo.
Un compromiso vibrante, de ida y vuelta constante, pero que termina dejando un trago amargo en la hinchada albiazul tras no haber podido sostener la ventaja en dos ocasiones.
Desde el pitazo inicial, el encuentro se tornó abierto y vertiginoso, propiciado en gran medida por imprecisiones y errores defensivos en las dos zagas. El 'Poderoso' intentó dar el primer zarpazo aprovechando los desajustes visitantes: primero con un remate potente de Yony González contenido con firmeza por el arquero Burrai abajo, y minutos más tarde con una incursión de Didier Moreno cuyo disparo se marchó desviado por un costado.
Millonarios reaccionó buscando lastimar desde afuera con un zapatazo de media distancia de Chaverra, aunque el portero Chaux atajó la pelota sin ofrecer mayores contratiempos. El partido pedía efectividad y el albiazul con la pelota parada respondió. En el minuto 24, Daniel Ruiz ejecutó un cobro de costado milimétrico al corazón del área; allí emergió Stiven Barreiro para conectar de cabeza, con la fortuna de que su remate se rozó en el defensor de Medellín, Escorcia, descolocando por completo a Chaux para decretar el 0-1 parcial.
La alegría de la parcialidad embajadora era total, pero la reacción local no tardó en llegar. Sobre el minuto 39, en un tiro de esquina a favor del DIM, Palacios le ganó la posición en el duelo aéreo a Viveros del Castillo y metió un frentazo inapelable para poner el 1-1 en la pizarra.
Cuando parecía que la primera mitad moriría en tablas, la jerarquía individual dijo presente. En el cierre del primer tiempo, Leonardo Castro se inventó una jugada de otro partido: realizó un despliegue físico brillante con balón dominado, rompió líneas a pura potencia y definió cruzado con maestría ante la salida de Chaux para poner el 2-1.
La incertidumbre se apoderó de la cancha por unos instantes mientras el VAR revisaba un hipotético fuera de lugar, pero tras unos segundos de tensión se descartó el offside y el gol subió legítimamente al marcador antes del descanso.
Para la parte complementaria, la lectura táctica del entrenador local, Amaranto Perea, terminó influyendo de manera directa en el trámite. Arriesgó al enviar a la cancha al juvenil Nivaldo Erazo en reemplazo de Carlos Lucumí, y la apuesta le rindió dividendos de inmediato.
Al minuto 53, la figura del compromiso, el argentino Martegani, quien se zafó con notable facilidad de la marca de Danovis Banguero y frotó la lámpara con un pase al centro del área para Erazo, que definió cruzado para firmar el 2-2 definitivo.
Con el empate consumado, la intensidad y el ímpetu de ambos conjuntos comenzó a decaer notablemente. El desgaste físico acumulado y la seguidilla de modificaciones cortaron el ritmo del juego.
En Millonarios se ordenaron las salidas de Juan Guillermo Cuadrado —quien dejó chispazos de su clase en su primer choque desde el arranque— y de Daniel Ruiz, dándole paso a la experiencia y manejo de Mackalister Silva junto al ingreso de Estupiñán. Medellín respondió moviendo su banquillo con los ingresos de Jaidinson Córdoba y Diego Moreno por John Montaño y su gran estandarte, Martegani.
En el tramo final, ambas escuadras hicieron un esfuerzo sincero por volcar la cancha y encontrar el gol del triunfo, pero la claridad brilló por su ausencia. Los atacantes en ambas áreas no estuvieron finos en la toma de decisiones ni en la definición en el complemento, decretando el reparto de puntos definitivo.
Este nuevo empate en la capital de la montaña deja un sabor agridulce en la familia embajadora. Si bien sumar en el Atanasio ante un rival de peso siempre cuenta en la tabla, dejar ir la ventaja en dos oportunidades deja al descubierto detalles defensivos y de concentración que no pueden permitirse a estas alturas del torneo.
Millonarios se mantiene como el único equipo del Fútbol Profesional Colombiano que ya suma 13 jornadas disputadas en el calendario, un factor de rodaje y desgaste que debe gestionarse con inteligencia. Hay argumentos futbolísticos y un plantel con jerarquía para pelear bien arriba, pero para dar el golpe definitivo de autoridad hace falta cerrar los partidos con mayor contundencia.





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