Ser la mejor hinchada no alcanza para ganar títulos
- Lorena Buitrago
- hace 2 días
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Hay una verdad que en Millonarios incomoda, pero que cada derrota vuelve a poner sobre la mesa: la grandeza de su gente no se traduce automáticamente en la grandeza de su equipo.
El lunes, en el debut de la fase de grupos, Millonarios volvió a quedar en deuda. No fue solo una derrota, fue una presentación pobre, gris, sin carácter. Una defensa desordenada, frágil, que transmitió inseguridad desde el primer minuto. Un ataque sin profundidad, sin rebeldía, sin esa sensación de peligro que se espera de un equipo que compite a nivel internacional. Y, como tantas veces, la hinchada estuvo ahí. Ahí está siempre.
Está cuando el equipo gana y cuando se cae. Está en Bogotá llenando El Campín, está viajando, está cantando, está empujando. Está incluso cuando el fútbol que recibe a cambio no está a la altura de su fidelidad. Pocas aficiones acompañan como la de Millonarios. Pocas sostienen con tanta lealtad un proyecto, unos colores y una historia, pero el fútbol no premia la lealtad de la tribuna, premia lo que pasa en la cancha. Y ahí está el problema de fondo.
Millonarios no puede seguir viviendo del discurso de tener la mejor hinchada porque tenerla es un privilegio, sí, pero no una excusa. No sirve de consuelo cuando el equipo defiende mal, cuando regala espacios, cuando no genera fútbol y cuando ofensivamente parece un conjunto sin ideas.
La pasión del hincha no marca goles. El aliento no corrige errores defensivos. La fidelidad no reemplaza el rendimiento.
En el fútbol colombiano se ha instalado muchas veces esa narrativa romántica del “aguante”, como si el amor incondicional de la gente pudiera tapar las falencias deportivas, pero llega un momento en que ese relato ya no alcanza porque la historia grande de un club no se construye solo con tribunas llenas, sino con títulos, partidos memorables y respuestas en los momentos importantes.
Millonarios tiene una afición de equipo campeón, lo preocupante es que, por momentos, el equipo no parece tener la misma ambición.
La derrota del lunes dejó una sensación aún más profunda que el resultado; la de un equipo que no estuvo a la altura de lo que representa el escudo. Y eso duele más cuando al otro lado hay una hinchada que nunca falla.
Ser la mejor hinchada es motivo de orgullo, pero no suma estrellas. No da vueltas olímpicas. No llena vitrinas, eso lo hacen los futbolistas. Y si Millonarios quiere estar a la altura de su historia y de su gente, debe empezar por entender una realidad incómoda pero necesaria: el amor de la tribuna sostiene, pero no salva.
Los títulos no se cantan, se ganan.




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