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1x1 | Eliminados: dos se jugaron la vida, ¿y los demás?


El empate en Valledupar ante Alianza no solo dejó a Millonarios fuera de los ocho, sino que expuso un rendimiento colectivo muy por debajo de la exigencia. En un partido decisivo, el equipo careció de carácter, intensidad y claridad en los momentos clave. La excepción fue Rodrigo Contreras, quien asumió la responsabilidad, marcó los dos goles y compitió como si cada balón fuera el último. A su lado, Rodrigo Ureña sostuvo algo de actitud, aunque sin el respaldo necesario. Del resto, poco para rescatar en una tarde que terminó costando la clasificación.


De Amores: falló en los momentos determinantes. En el segundo gol su reacción fue tardía y dio la sensación de inseguridad durante todo el partido. No transmitió confianza y sus intervenciones dejaron dudas en un partido donde se necesitaba solidez absoluta.


Sarabia: muy apagado. No logró proyectarse en ataque ni cerrar con solidez en defensa. Se le vio superado y sin la energía necesaria para responder en un juego decisivo.


Llinás: intentó, aunque no se logró, sostener la estructura defensiva. Ganó algunos duelos y mostró compromiso, pero también sufrió el cansancio y no logró liderar con la contundencia habitual en una zaga que terminó desordenada.


Arias: irregular de principio a fin. Alternó despejes oportunos con desconcentraciones que comprometieron al equipo. No se vio cómodo ni seguro, lejos del nivel que supo mostrar en otros momentos.


Elizalde: desconectado del partido. Falló en marcas, perdió referencias y físicamente fue un caos. Su rendimiento dejó la sensación de falta de coordinación y respuesta, igual que en varios compromisos pasados.


Del Castillo: intentó darle salida al equipo y generar algo diferente, pero sus acciones fueron aisladas. Por momentos insinuó, pero nunca logró consolidarse ni marcar diferencia real en el juego ofensivo.


Mackalister Silva: incómodo, cansado y sin ritmo. Participó poco en la creación y falló una opción que pudo cambiar el rumbo. Su liderazgo apareció más desde lo gestual en el banco, que desde el juego efectivo en el campo.


Ureña: mantuvo la intensidad y el carácter competitivo. Intentó ordenar y distribuir, pero muchas de sus buenas decisiones se diluyeron por la falta de respuesta colectiva. Terminó evidentemente frustrado.


García: muy poca incidencia. No logró desequilibrar ni generar peligro. Se le vio errático en las decisiones y sin la confianza necesaria para asumir el peso ofensivo que el equipo requería.


Castro: discreto para lo que se espera. No logró imponerse en el área. Aunque no fue el peor, su aporte ofensivo resultó insuficiente.


Contreras: El único que jugó a la altura del contexto. Marcó los dos goles, luchó cada balón, presionó y mostró una actitud competitiva ejemplar, incluso se vio defendiendo. Entendió lo que estaba en juego, aunque no fue suficiente.


Banguero: su ingreso no cambió el panorama. No logró aportar en salida ni en marca, y pasó desapercibido en un momento donde el equipo necesitaba soluciones.


Beckham: entró con la responsabilidad de darle aire al ataque, pero no tomó buenas decisiones. Se le vio desconectado y sin claridad en los últimos metros.


Vega: participación breve y sin impacto. No logró influir en el ritmo ni aportar soluciones en un equipo que ya mostraba señales de desgaste y desorden.



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