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Desastre azul en Chile: Millonarios fue superado y dejó dudas en Sudamericana


Una vez más, Millonarios tropezó fuera del país demostrando que no tiene ropa para este tipo de competiciones. El equipo de Fabián Bustos perdió 2-0 ante O’Higgins en el estadio El Teniente de Rancagua, en un partido que terminó convirtiéndose, probablemente, en la presentación más pobre desde la llegada del entrenador argentino.


El Embajador se mostró desordenado, sin ideas claras y lejos de la identidad competitiva que había construido en semanas anteriores. El esquema 5-3-2, que en otros momentos ofreció equilibrio, esta vez lució roto: el equipo nunca encontró conexiones en ataque ni solidez defensiva, quedando constantemente expuesto ante un rival que, sin hacer demasiado, fue ampliamente superior.


El primer golpe llegó temprano. Apenas al minuto 12, un tiro de esquina encontró mal parada a la defensa azul. Andrés Llinás dudó entre reclamar una falta o seguir la jugada, y Arnaldo Castillo aprovechó el desconcierto para marcar de cabeza el 1-0. Una acción que volvió a evidenciar un problema repetido este semestre en Millonarios: la fragilidad en el juego aéreo.


Desde ese momento el partido se jugó al ritmo de O’Higgins. Millonarios tuvo la pelota por momentos, pero sin profundidad ni claridad. Los pases errados se acumularon y el ataque prácticamente no existió durante el primer tiempo.


En el complemento hubo una leve reacción más desde el empuje que desde el fútbol. Rodrigo “El Tucu” Contreras generó la única opción clara con un cabezazo que exigió al arquero Gabriel Carabalí, pero fue un intento aislado dentro de un funcionamiento colectivo inexistente.


El partido terminó de romperse al minuto 68, cuando Jorge Arias vio la segunda amarilla tras una falta innecesaria y dejó al equipo con diez hombres. La expulsión obligó a Bustos a reorganizar piezas sin encontrar soluciones reales, mientras el rival aprovechaba los espacios.


A ocho minutos del final llegó el golpe definitivo. Una transición rápida por izquierda terminó en un centro al área que encontró solo a Francisco González, quien definió tras un resbalón de Diego Novoa para sellar el 2-0.


El marcador reflejó más sensaciones que diferencias futbolísticas abismales. O’Higgins fue mejor, sí, pero bastó con orden e intensidad para desnudar a un Millonarios irreconocible, falto de carácter y sin respuestas tácticas durante los 90 minutos.


La derrota deja señales de alerta importantes. Para competir internacionalmente no alcanza con momentos aislados ni con la confianza construida en la liga local. Estos partidos exigen concentración total, jerarquía y atención en detalles que hoy le están costando caro a Millonarios.


Ahora el margen de error se reduce. Se viene el clásico capitalino y el calendario no da tiempo para lamentos. Clasificar entre los ocho en Liga y superar la fase de grupos de la Sudamericana no son objetivos secundarios, son obligaciones. Cualquier cosa distinta empezará a parecer un fracaso.


Millonarios tendrá que reaccionar rápido porque lo de Rancagua fue decepcionante y desesperanzador.

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