Empates que parecen derrotas: Sao Paulo 1-1 Millonarios
- Lorena Buitrago
- hace 3 días
- 3 Min. de lectura

La noche en Brasil y los últimos partidos de Millonarios hacían que la noche del martes tuviera un aire de partido imposible. Tribunas encendidas, presión desde el primer minuto y un Sao Paulo decidido a defender el liderato del grupo. Pero también tenía un Millonarios incómodo y terco, que se negó a caerse incluso cuando el error más doloroso de la noche parecía condenarlo demasiado temprano.
Apenas corrían ocho minutos cuando Luciano probó desde afuera. No fue un misil ni una jugada brillante, fue un remate controlable, uno de esos disparos que normalmente terminan en las manos del arquero y apagan cualquier susto. Sin embargo, Diego Novoa falló en el cálculo, el balón se le escapó y terminó dentro de la red. El local explotó mientras los jugadores azules se miraban incrédulos. El golpe fue inmediato y silencioso. Millonarios perdía 1-0 antes de acomodarse en el campo.
Durante varios minutos el equipo colombiano pareció atrapado entre la rabia y el desconcierto. Sao Paulo manejó la pelota con tranquilidad, intentando que el partido entrara en el ritmo que más le convenía: lento, controlado y lejos de su arco. Sin embargo, Millonarios empezó a sacudirse de a poco.
A los 22 minutos apareció una señal de vida cuando Mackalister levantó la cabeza y encontró el desmarque de García, que atacó el espacio con velocidad. Fue la primera vez que el local sintió que el visitante no había viajado a Brasil solamente para resistir. El partido empezó a cambiar ahí, pues Millonarios mostró pinceladas de confianza, adelantó metros y encontró un par de momentos que generaban ilusión. El capitán comenzó a moverse entre líneas y a empujar a su equipo.
En el minuto 32 tuvo el empate. La jugada quedó viva dentro del área y el balón terminó en sus pies, pero el remate no salió. Mackalister se tomó la cabeza; sabía que había desperdiciado una de esas oportunidades que en Brasil suelen cobrarse caro. Sin pensar que no sería la única que dolería perdonar en el compromiso.
Y cuando el primer tiempo se moría, volvió a aparecer. Tiempo añadido, pelota filtrada y definición de zurda ante la salida del arquero Rafael. Esta vez sí parecía gol. Pero el guardameta paulista reaccionó rápido y evitó el empate con una mano salvadora. Millonarios se fue al descanso perdiendo, aunque ya había dejado claro que el partido no estaba cerrado.
La segunda parte tuvo menos vérigo y más tensión. Sao Paulo entendió que debía cuidar la ventaja y Millonarios no encontraba claridad en los últimos metros. Fabián Bustos apostó por una estructura defensiva sólida, resistiendo bien, cerrando espacios y evitando que el local ampliara la diferencia.
La acción más peligrosa del complemento llegó temprano. Ferreira ganó de cabeza y obligó a Novoa a reaccionar de manera instintiva. El arquero, que había quedado marcado por el error inicial, evitó el segundo gol prácticamente con el rostro.
Los minutos avanzaban y el reloj parecía jugar en contra de Millonarios y entonces apareció Jorge Cabezas Hurtado. Minuto 80, una pelota disputada en mitad de cancha, un rebote, un espacio diminuto y la convicción suficiente para animarse. Peleó la jugada, se acomodó y sacó un zurdazo que se desvió en el camino antes de descolocar a Rafael. El balón terminó adentro y Millonarios encontró un empate que llevaba muchos minutos persiguiendo. Los jugadores lo gritaron con furia y el banco explotó.
Minuto 86, Alex Castro cayó dentro del área tras una infracción y el árbitro señaló penal. Era la oportunidad perfecta. El partido, que durante gran parte de la noche parecía perdido, quedaba servido para una victoria histórica.
Rodrigo Contreras tomó la pelota, caminó lentamente hacia el punto penal, respiró, corrió y remató fuerte, demasiado fuerte. La pelota se fue por encima del arco, no hubo rebote. No hubo segunda oportunidad. Solo manos en la cabeza, miradas vacías y el silencio profundo de una posibilidad que se escapó volando por el cielo brasileño.
Millonarios rescató un empate valioso en la tabla, sí. Sigue vivo en la Copa Sudamericana y llegará a la última fecha dependiendo de sí mismo para seguir avanzando. Pero la sensación que quedó en el ambiente fue distinta porque en Brasil no celebró el empate.




Comentarios