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El peso de la camiseta y el límite de la paciencia

Millonarios enfrenta hoy, quizás, el partido más determinante de lo que va del semestre. Los dirigidos por Fabian Bustos cargan con una responsabilidad gigante; no solo porque cualquier resultado que no sea una victoria empezaría a comprometer seriamente el camino en la Copa Sudamericana, sino porque en la liga local estamos al borde del abismo. Lo que en algún momento pareció la estabilidad de un barco prometedor, hoy se encuentra nuevamente en aguas turbulentas y, lo que es más preocupante, sin una marea tranquila a la vista.


Tras el debut en el torneo continental, donde el equipo lució completamente desconcentrado y ajeno a la magnitud de lo que se jugaba, Millonarios arrancó su campaña internacional sembrando más dudas que esperanzas. Por si fuera poco, el empate en el clásico capitalino dejó un sinsabor profundo, mostramos un fútbol pobre y conseguimos un gol que, a mi juicio, no fue producto del trabajo. Pudimos haber defendido ese resultado para llevarnos los tres puntos, pero la jerarquía brilló por su ausencia.

La hinchada Azul respondió en Chile, como también lo hizo el domingo en El Campín en un horario atípico. Sin embargo, hay una verdad que debe decirse aunque duela, el aguante y ser los mejores no entrega títulos, ni otorga campeonatos. Todos sabemos que somos la mejor hinchada de Colombia, la más viajera, la que copa estadios de local y visitante sin importar la hora, el día o el país. Siempre que se voltea a mirar a la tribuna, la gente está ahí, incluso en partidos con restricciones. Pero, ¿de qué nos sirve esa fidelidad si el club, tanto institucional como deportivamente, no está a nuestra altura? Es cierto que a veces hemos sido complacientes, pero no se puede juzgar al hincha; el amor es ciego y la prueba más fidedigna de ese sentimiento es estar en las malas, que es cuando más se necesita.


Esperamos que hoy Millonarios enderece su camino en la Sudamericana ante un rival que, al parecer, llega con nómina mixta y restándole importancia al torneo. Esto agrava la situación, empatar o perder hoy sería un papelón completo. No obstante, quiero ser optimista y pensar que esto es solo un bache que cualquier equipo puede sufrir. Una victoria contundente hoy permitiría recuperar la confianza para afrontar lo que viene a la altura de la camiseta que portan.


Hoy, en una cita crucial y en un horario complicado, se demostrará una vez más el amor profundo por este escudo. Esperamos que los jugadores entiendan, valoren y, sobre todo, representen ese sentir de la mejor manera. En menos de dos semanas nos jugamos la vida en los dos frentes. Ojalá este jalón de orejas sirva para reaccionar y que este semestre no termine siendo, tristemente, más de lo mismo de los últimos años.

 
 
 

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