En la derrota, tranquilidad.



Millonarios cayó con Paranaense en Curitiba por la mínima diferencia y tendrá que remontar el próximo miércoles en El Campín. Sin embargo, hay tranquilidad de cara al juego de vuelta.

Derrota y tranquilidad bien podrían ser sensaciones contradictorias. Sin embargo, Millonarios logró, en su debut copero, que dichas sensaciones sean compatibles. Millos se mostró como un equipo digno, tácticamente aplicado y con hambre, con ganas; ganas de jugar, de ganar, de hacer las cosas bien. Estas condiciones hacen que hoy por hoy, exista esa tranquilidad aún en la derrota.

Millonarios formó con Vikonis; Palacios, Franco, Cadavid, Machado; Domínguez, Duque, Rojas, Quiñones, del Valle y Núñez.

El césped sintético del Arena da Baixada y el balón usado, hicieron difícil la adaptación del "Embajador" en los primeros minutos. Los controles eran largos, los pases errados y la salida nula. Las asociaciones no existían y aunque el equipo retrocedía bien, Pedro Franco salvó con la cadera, un tiro de Pablo, que fue el único que generó real peligro sobre el arco de Vikonis. El volumen de ataque dejaba mucho que desear y el equipo se veía rígido, sin ritmo, estático. Duque se destacaba por su "omnipresencia" y Domínguez intentaba hacer la pausa para intentar jugar.

El equipo, a medida que fue pasando el tiempo, se asentó mejor sobre el difícil campo de juego y comenzó a tocar más, a no hacer controles tan largos y a buscar menos pelotazos frontales; comenzó a tener más y mejores ideas. Tal vez Millos abusó mucho de la fórmula del centro por las bandas buscando la cabeza de del Valle. Sin embargo, la mayoría de las decisiones eran buenas: cuando había que hacer falta, se hacía, cuando había que presionar se presionaba y cuando había que jugar para atrás, se hacía sin problema. Millos no era una aplanadora ofensiva pero era aplicado y paciente, tenía neutralizado a Paranaense y esperaba su momento. El primer tiempo terminó así y Millos se veía mucho mejor que su rival.

El inicio de la segunda parte no fue diferente, Millos aplicado (pero no replegado) esperando que llegara su oportunidad de dar el golpe. Desgraciadamente, en una de las pocas oportunidades generadas por Paranaense sobre la banda izquierda, Pablo, el mismo al que Franco le había sacado un gol, enganchó y fue derribado por el central bogotano. Penal que Grafite cambió por gol y "garrotazo" anímico para Millos, o al menos, eso creíamos.

Lejos de afectar a Millonarios, el gol contrario lo potenció. El equipo se terminó de soltar, Russo fue a buscar el empate con más ideas, más toque, más pausa (por eso el cambio de Silva por Quiñones) y estuvo a punto de encontrarlo. Al minuto 72 tras una gran jugada, Juan Guillermo Domínguez filtró de manera elegante el balón a Silva, quien quedó sólo frente al arco y remató justo en la mitad del vertical. Palo y afuera. Era un golazo, era el gol de visitante. No se dio.

Millos siguió buscando infructuosamente el empate, dejando mucho espacio en la mitad del campo (condicionado también por la lesión de Silva y la salida de Duque) y con más ganas que fútbol. Sin embargo, lo que mostró el equipo da tranquilidad y mucha confianza de cara al juego de vuelta el próximo miércoles a las 6:45 en El Campín.

#AtléticoParanaense #CopaLibertadores

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