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Millonarios gana, pero sigue sin entusiasmar


Ayer, la gente que viajó hasta Uruguay para acompañar a Millonarios en la cancha lo hizo movida por el amor incondicional que sentimos por esta camiseta y con una idea clara en la cabeza: ganar sin complicaciones. Tanto ellos como los que vimos el encuentro en casa, esperábamos una actuación convincente que nos ayudara a pasar, de a poco, el mal trago de haber quedado afuera de los playoffs de la Liga BetPlay 2026-I.


Sin embargo, volvimos a chocar con otra realidad. Al club embajador le costó demasiado superar a un adversario flojísimo, que hasta ahora no había ganado un solo partido en la Copa Sudamericana, y que, aun con todas sus limitaciones, estuvo a escasos diez minutos de sacarnos un empate.


No lograr la victoria en ese escenario hubiese sido un golpe durísimo. Por eso valoramos el resultado, sabiendo que lo único realmente positivo de la noche fue volver a sumar de a tres puntos para seguir vivos en la pelea del torneo internacional. Desde el rendimiento, la imagen que dejó el equipo volvió a ser pobre, sufriendo especialmente en la zona defensiva y evidenciando una preocupante falta de cabeza fría para tomar decisiones y concretar las jugadas.


Los triunfos del club embajador siempre se celebran, de eso no hay duda. Deberían ser el motivo perfecto para dibujarnos una gigantesca sonrisa en el rostro cada vez que ocurren, pero la sensación que nos quedó ayer fue muy distinta. Estamos contentos por la victoria, sí, pero de ninguna manera estamos conformes. A este grupo de jugadores no se les debe aplaudir por cumplir con lo mínimo exigible; por el contrario, deben demostrar mucho más en la cancha y ganarse con verdaderos resultados el amor y el respaldo de la gente.


Si hacemos un balance individual, el panorama es preocupante. Rodrigo Contreras, Rodrigo Ureña y Sebastián Valencia son los únicos nombres que en la actualidad podemos mencionar como los jugadores que se salvan de las críticas en este plantel. El resto del equipo navega a la deriva en un mar de inestabilidad y bajos rendimientos. Hoy por hoy, ni el arco ni la línea de defensa nos resultan confiables; a parte al mediocampo le falta presencia física, jerarquía y que el juego fluya con naturalidad. Arriba, en el ataque, nos sigue faltando muchísimo tanto en la creación de volumen ofensivo como en la resolución final de las jugadas.


Es una constante frustrante: los que juegan de titulares no convencen y los recambios que esperan afuera no conmueven ni cambian la historia de los partidos. Así estamos, envueltos en un mar de dudas que abarcan apellidos, puestos, funciones tácticas y rendimientos individuales.


Tenemos un once inicial que a estas alturas de la temporada todavía no está afianzado y que, partido a partido, sigue buscando a sus mejores intérpretes en el campo. Es cierto que ganando todo resulta mucho más sencillo de digerir y se trabaja durante la semana con otro ánimo en los entrenamientos. Sin embargo, no podemos tapar el sol con las manos; ya habrá tiempo de hacer un análisis preciso y autocrítico de lo que debe buscarse para reestructurar el equipo de cara al segundo semestre.


En ese sentido, es fundamental que Ariel Michaloutsos siga afinando el ojo y acertando con el diagnóstico del conjunto para no equivocarse en los refuerzos. Este plantel necesita, sí o sí, inyecciones de jerarquía en varias zonas del campo si realmente queremos ser un club mucho más competitivo.


No hay margen para el error en la conformación de la nómina que viene, porque las carencias estructurales que arrastramos hoy nos están costando muy caro en el funcionamiento general y en los objetivos trazados.


En lo inmediato, el calendario nos exige enfocarnos en la definición de nuestro grupo en la Copa Sudamericana y en afrontar la Copa BetPlay, torneos que cobran mayor relevancia tras el fiasco absoluto de quedarnos afuera de las finales de la Liga. Estos próximos encuentros serán una buena medida para conocer exactamente dónde estamos parados.


Por ahora, nos aferramos a que el equipo vuelve a ganar partidos a nivel internacional, pero claramente no estamos listos para asegurar si nos va a alcanzar para clasificar, ni mucho menos para saber si en el 2026-II todo cambiará para bien en el club de nuestros amores.

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