No fue un gran Millonarios, pero sí un Millonarios distinto

Hay empates que dejan más dudas que respuestas y otros que, aun sin ser buenos resultados, permiten encontrar pequeñas señales para aferrarse. El 1-1 de Millonarios contra Deportivo Cali pertenece un poco a las dos categorías.
El equipo no jugó su mejor partido. Le costó generar, tuvo momentos de imprecisión y volvió a mostrar, de nuevo, dificultades ofensivas que lo han acompañado durante el semestre. En El Campín, donde Millonarios debería sentirse obligado a proponer mucho más, el fútbol estuvo lejos de ser convincente durante varios pasajes. Pero sería injusto quedarse únicamente con el marcador.
El partido también representó el regreso de Alberto Gamero al banco de Millonarios en El Campín y, aunque todavía es demasiado pronto para hablar de una transformación, sí hubo elementos que permiten mirar el proceso con algo más de optimismo.
Gamero no heredó un equipo perfecto ni podía convertirlo en uno en cuestión de días. Su reto es reconstruir una idea y recuperar comportamientos que alguna vez hicieron reconocible a Millonarios. Frente al Cali aparecieron, por momentos, algunos de esos intentos: un equipo que buscó corregir durante el partido, que encontró mejores respuestas después del descanso y que terminó teniendo mayor iniciativa cuando necesitaba buscar el resultado.
El ingreso de jugadores que le dieron otra dinámica al ataque también ayudó. El regreso de Mackalister Silva dejó otra noticia positiva: su presencia puede ser determinante para darle pausa y criterio a un equipo que todavía parece jugar con demasiada ansiedad cuando tiene el balón.
Eso no significa que los problemas hayan desaparecido. La falta de contundencia continúa, algunas sociedades todavía no terminan de funcionar y el equipo sigue teniendo dificultades para sostener un ritmo alto durante el juego. Millonarios parece estar, todavía, en reconstrucción.
El empate ante Cali no debería maquillarse como una gran presentación. No lo fue. Sin embargo, tampoco tendría sentido analizarlo como si Gamero hubiera tenido que resolver en este partido todos los problemas acumulados durante meses.
Su regreso a El Campín dejó un resultado discreto, pero mejores sensaciones. Y en un equipo que necesita recuperar confianza, identidad y funcionamiento, esas pequeñas señales también cuentan.
Ahora falta lo más difícil: convertirlas en regularidad y en victorias. Porque la nostalgia por el pasado puede explicar el regreso de Gamero, pero será el presente el que determine si esta segunda etapa realmente funciona.
Por ahora, el 1-1 no alcanza para celebrar. Pero tampoco obliga a mirar todo con pesimismo.




Comentarios