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Prohibido fallar cuando la tabla aprieta

En el fútbol profesional las rachas son un alivio, pero la tabla es la que dicta sentencia. Y hoy, para Millonarios, la conclusión es simple: si quiere hablar de clasificación, tiene que empezar a sumar sin excusas.


La derrota ante Internacional de Bogotá en Techo dejó más que tres goles en contra. Dejó dudas. Dejó molestia. Y, sobre todo, dejó la sensación de que este equipo compite bien por momentos, pero no sostiene.


El equipo de Bustos mostró pasajes interesantes; intención de juego por bandas, sociedades claras y un Leo Castro que respondió como líder. Pero en el fútbol colombiano, y más en un torneo corto, jugar bien 20 o 30 minutos no alcanza.


El problema no fue solo el resultado. Fue la fragilidad emocional tras las polémicas arbitrales. Fue la desconcentración defensiva repetida. Fue la incapacidad de cerrar espacios cuando el partido pedía cabeza fría.


Cada gol recibido tuvo algo en común: errores propios. Y ahí es donde un equipo que aspira a estar entre los ocho no puede conceder.


En medio del desconcierto, Leo volvió a ser determinante. Doblete, liderazgo y ese olfato que no negocia. Pero depender del empuje individual cuando el colectivo tambalea es una señal de alerta.

Millonarios no puede ser un equipo que necesita heroicas cada jornada. Tiene que ser uno que controle, que administre ventajas, que no regale finales de partido.


La visita a Techo no era definitiva, pero sí era una oportunidad para consolidar una tendencia. Se perdió. Y ahora el siguiente partido no es uno más.

 
 
 

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