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La grama de la vergüenza: el fracaso administrativo de Sencia con El Campín


La suspensión del partido del domingo entre Millonarios e Independiente Medellín en el estadio El Campín, terminó por detonar una discusión que ya venía creciendo en voz baja: el estado de la cancha del principal escenario de la ciudad de Bogotá está en unas deplorables condiciones.


Lo que ocurrió en la capital del país, con el campo convertido en un barrizal tras las lluvias, puso bajo la lupa a Sencia, la empresa que hoy administra el estadio bajo el modelo de Asociación Público-Privada (APP).


Desde que el estadio pasó a ser manejado por esta entidad, El Campín dejó de ser exclusivamente un escenario de fútbol que se convirtió en un espacio para el que tenga plata para separarlo y hacer sus eventos privados: los conciertos han sido lo más frecuente, la mayoría de ellos perjudicando el calendario del FPC y hasta incluso para una boda lo prestaron como si esto fuera un centro de convenciones o salón comunal. El resultado de todo esto, escuchando la palabra de los clubes, jugadores y dirigentes, es que la grama cada vez está más deteriorada y esto no ayuda al espectáculo.


Uno de esos tantos comentarios que se han hecho cuestionando todo este tema lo hizo el máximo accionista de Millonarios, Gustavo Serpa, que expresó su descontento con el estado del césped del 'Coloso de la 57', calificándolo como un problema grave para el club y el fútbol colombiano en general.


"Esta es la capital de Colombia, nosotros no podemos tener un estadio en esas condiciones. Hay 30.000 personas que merecen respeto, que pagan por un espectáculo. Hay unos profesionales que están exponiendo su integridad. Nunca habíamos visto en Bogotá la grama en esas condiciones", le dijo Serpa al CEO de Sencia, Mauricio Hoyos esta mañana en el programa '6AM W' de Caracol Radio.


Resulta paradójico que en la era de la modernización de El Campín, traen una empresa que sabe "manejar" la tecnología de la gramilla y con esto no alcance para mantener vivo el césped por 90 minutos de juego a pesar de la lluvia.


La gestión de Sencia ha demostrado que su pericia es inmobiliaria, no deportiva; pero más preocupante es la 'astucia' de un IDRD que parece haber entregado las llaves de casa sin poner condiciones claras sobre lo fundamental. Al final, el fútbol termina siendo el invitado de piedra en su propio estadio, pagando los platos rotos de una alianza donde el negocio florece, pero el espectáculo y por lo que realmente fue construido, muere.





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