Un respiro necesario: luces individuales en un equipo que aún busca su credibilidad

Alberto Gamero decidió patear el tablero desde el pitazo inicial en el General Santander y nos sorprendió a todos. El técnico apostó por alinear a jugadores fuertemente resistidos por la hinchada, como Danovis Banguero y Carlos Darwin Quintero. Era una jugada muy arriesgada, pero ambos terminaron respondiendo en la cancha.
El caso del número '25' fue particular, pues jugó una primera mitad verdaderamente espantosa, errático y desconectado. Sin embargo, para la segunda parte mejoró notablemente su actitud y terminó dando la asistencia para el gol de Rodrigo Ureña. Por su parte, Danovis cumplió correctamente marcando como lateral izquierdo sin desentonar.
Más allá del triunfo vital contra Cúcuta, nuestro equipo sigue mostrando otra cara, pero nos falta camino para ser verdaderamente fiables. Hay rendimientos muy positivos para destacar, como el nivel superlativo que muestra Rodrigo Contreras en ataque, acompañado del constante y esperanzador crecimiento que viene consolidando Mateo García.
La zaga defensiva titular también nos ilusiona gracias a la innegable solidez que transmiten Mosquera y Barreiro, aunque por partidos también dejan ciertas dudas. Asimismo, debemos valorar la jerarquía del arquero Javier Burrai; aunque tuvo un fallo puntual en este encuentro, su nivel general sigue demostrando que tenemos un guardameta de plenas garantías a lo que tuvimos anteriormente.
Pero como hinchas también debemos ser autocríticos y mirar las piezas que hoy desentonan. Es muy preocupante la actualidad de referentes como Andrés Llinás y Daniel Ruiz. En lugar de aprovechar estas nuevas oportunidades, ambos están sembrando muchísimas dudas futbolísticas, mostrando una alarmante falta de nivel competitivo general.
Gamero debe seguir trabajando incansablemente con lo que tiene hoy para seguir sumando de a tres en las jornadas que se vienen y poder conseguir esa clasificación a los cuadrangulares de fin de año. No será una tarea nada fácil recuperar esa confianza, pero la esperanza que da nuestro entrenador en la raya es inmensa si comparamos con esos sustitutos pasados.





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